Retrospectiva
Quien no aprende del pasado, esta condenado a repetirlo.
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Esta frase ha estado dando vueltas en mi cabeza, siempre me ha surgido la interrogante, ¿es acaso sano desempolvar objetos del baúl de los recuerdos?, es un hecho que todos tenemos algunos esqueletos guardados en el closet. Lo que no se puede decir a ciencia cierta es cuán beneficioso resulta regresar o evocar recuerdos de un tiempo considerado mejor, o siempre mente diferente a nuestra realidad actual.
Debido al tren de vida que la moderna agitación cotidiana nos impone, vivimos nuestras vidas en imágenes preconcebidas. Nuestro devenir intelectual se rige por ahora más por un conjunto de «Apps» que por la lectura de un buen libro o un buen café un bohemio rincón suburbano.
Vivimos nuestras vidas de una manera tan rápida y acelerada que más parece una carrera enfermiza alimentada con el combustible de la banalidad, la simpleza y el tedio que esto conlleva. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que nuestro intelecto era retado a superarse más por experiencias vivenciales que por nuestras interacciones virtuales. Y seguimos día tras día en el frenético manejo de nuestras relaciones ya no a la velocidad de una charla sino al ritmo cadencioso de un par de clics que se supone serán nuestra ventana al mundo.
Y si luego en esta carrera superficial el pasado nos alcanza y a la manera difícil nos enseña que es pasado pero sigue presente. Es ese instante en que dejamos la conjugación pasada del verbo sentir para reemplazarla subrepticiamente por una conjugación en presenté, a veces insensatamente en futuro…
Sin ir más lejos estoy aquí a media noche escribiendo del pasado sin atreverme a mirar al futuro. O a lo mejor estoy esperanzado con un futuro que sabe más a pasado pero que por loco no me atrevo a dejar en el olvido.
La vida debiera ser más simple y las personas a nuestro alrededor hacérnosla más llevadera pero la realidad es que nadie esta enterado a ciencia cierta del bagaje emocional o histórico que llevamos. Nuestra historia se escribe día con día y así como se escribe también va dejando marcas que asemejan a una autopista fundida en el corazón por la que circulan tantos impulsos que a veces simplemente no se pueden fusionar. Por qué nos aterroriza tanto exponerlos que terminamos tomando actitudes insensatas, que riñen con la racionalidad y el intelecto que decimos tener pero que lamentablemente estamos perdiendo.
Nadie sabe por que estamos atravesando, nadie tiene idea del poder que un pensamiento desata sobre nuestras emociones. Nadie tiene idea cuanto duele un recuerdo que quizá aunque viejo y olvidado seguirá formando parte de un inevitable pasado. No está mal sentir, no está mal recordar, sólo esta mal que te afecte en tu actuar aunque no se pueda controlar.
Como da vueltas la vida y mientras un iPad y un café acompañan mi solitario deambular a esta hora de la madrugada, sólo me queda pensar que a con cada aliento que sale de mi boca ese segundo vivido, ese minuto agotado, esa hora terminada comenzaran a ser parte del pasado, de una historia que me guste o no sigue siendo mía. Sólo pido al Altísimo que siempre que esas ideas llamadas pasado se ciernan sobre mi vida como nubes borrascosas a punto de descargar, exista esa idea que como faro ilumine mi camino y lo haga resplandecer. Esa idea para muchos abstracta pero que hoy se puede materializar en una sola palabra. Una palabra que significa esperanza y futuro. La palabra mañana.